Reportaje de EL CORREO, sección 'Vecinos de Bilbao'
7 de noviembre de 1996
Coordinación: Marta Pascual Andicoechea
Fotografía: Eva Zubero Zuluaga
Redacción:Beatriz Carreño y Sonia Gómez Sáiz
Pepe 'EL DEL PIANO'
José Francisco López Peón, o mejor dicho, 'Pepe, el del piano' nació hace 52 años en la bilbaína calle de Espartero. Cuarto hijo de una familia numerosa, desde pequeño convivió con la música, pasión que ha conseguido desplazar a la fotografía, primero, y al cine, después, del lugar que, durante años, han ocupado ambas aficiones en su corazón y en su vida.
«PIENSO que más que artista, soy artesano -se define a sí mismo- y no lo digo con aire peyorativo, sino porque creo que la segunda palabra designa aquello que está hecho más al aire de cada persona. De todas formas, a veces, echo en falta la ayuda de alguien en el escenario, para que se me haga menos duro».
A José Francisco López Peón, más conocido como Pepe, el del piano, no le faltan los incondicionales. Ese público que le pide las mismas canciones, los mismos chistes y el mismo repertorio de cuando eran jóvenes. «¿Añorada década de los sesenta? Quizá. Desde luego, fue una etapa de mi vida que me marcó, ya que ser parte de Los Brotes, Los Espectros o Los Dioptrías impone su sello».
Talla (en lugar de genio) y figura hasta la sepultura, dicen que ha hecho que la gente de la Villa, esos bilbaínos exigentes y selectos donde los haya, sepa apreciar y reconocer la bonachonería, transparencia y sencillez de este músico nacido en el año 1944, en el número 44 de la bilbaína calle Espartero, cuando su madre, una asturiana de pura cepa, contaba, precisamente, con susodicha edad. "Además, soy el cuarto hijo, el más joven de una familia numerosa cuyo padre era aficionado a la música y al bricolaje, y que ha tocado muchas veces la bandurria junto a su hermano mayor. Me imagino que todas estas circunstancias favorecieron a que me dedicase a estos menesteres y que dejase, definitivamente, el tema de la fotografía, una gran pasión que tuvo su época profesional, pero que finalizó cuando la productora de cine y fotografía industrial en la que pasé buena parte de mis años mozos, se fue a pique. La década de los setenta fue un tanto dura para todos estos temas».
Polifacético
De niño, jugueteó en el laboratriio de fotografía de su propia casa. Años después, amplió cono- cimientos y experiencia en Fotos Sáez, de donde pasó a trabajar a Fotos Samar. De ahí, al montaje de la productora de la calle Concha, esquina con Pablo Picasso, y del séptimo arte, al ¿primero? Imaginación, trabajo en equipo y buenas dosis de empeño les sirvieron a todos los muchachos del centro para recoger varios premios nacionales de cine industrial de entre los muchos documentales, anuncios y reportajes con los que llenaron miles y miles de metros de película en 35 mm. "Al hecho de que a la mayoría de los profesionales del cine nos costaba tragar el vídeo, se sumó la mala suerte de que la industria atravesaba unos momentos críticos y no estaba como para gastarse el dinero en estas cosas. Así pues, lo dejamos todo con un poco de mala leche, pero ¡qué le vamos a hacer! Desde aquellos años, mediados de la década de los setenta, no he dejado de trabajar un instante en esto y no me arrepiento».
Y es bien cierto. El Pianissimo, primero; El Piano, después; El Max; y, ahora, el Astarloa, han sido -y, este último, és-, su nuevo hogar. Un espacio acogedor y coqueto donde Pepe se transforma, y deja que la hipersensibilidad y el romanticismo que le caracterizan e inspiran se tornen, de vez en cuando, en algún que otro chiste verde o subido de tono, que nunca grosero o desagradable. "y lo mismo toco música de los sesenta, que moderna, siempre y cuando sea de calidad y se deje tocar, porque al 'pub' también se acercan jóvenes de entre veinte y treinta años que vibran con el espectáculo».
Sus espectáculos tienen lugar entre las 12.30 y las 3.00 ó 4.30 de la mañana, de lunes a sábado, y en ellos nunca falta su estimadísimo y siempre recordado Migue- lito Miguel. "Sale a la palestra conmigo todos los días, aunque ya no esté presente entre nosotros. Con él toqué innumerables canciones en el Pianissimo y, en el 89, abrimos juntos el Piano. Como falleció pocos meses después, decidí vender aquel espacio, excesivamente grande y muy costoso. Lo mío es la música y no los nego- cios».