EL OVNI

En octubre de 1969 se inauguraba una de las discotecas que marcaría una época en Bilbao: La discoteca OVNI. Estaba en el ártico de la Villa, arriba y al norte, en Uribarri. Al principio fue el lugar favorito de muchos jóvenes de los alrededores... Matiko, Trauko, Zurbaranbarri pero pronto su personalidad se dio a conocer en los demás barrios de la ciudad.

Ángel y Emilio eran dos jóvenes emprendedores con muchas ideas, mucha energía y ningún miedo al trabajo. Los dos tenían conocimientos de electrónica y, además, el mundo del espectáculo no le era ajeno a Angel, entre otras cosas, porque años antes había formado parte del dúo Atlas. Emilio tenía una empresa de instalación de antenas de televisión y frente a su taller habían cogido una lonja... y montaron EL OVNI. 

EL DÍA DE LA INAUGURACIÓN
A finales de 1969 estábamos tocando Los Ópalos en el Galo's de Santurce cuando conocimos a una chica parisina que trabajaba allí de gogó. Se llamada Aline y nos comentó que había venido con su hermano que estaba de escayolista en una discoteca que estaban haciendo en Bilbao, en la calle Uribarri. ¡Qué casualidad!... nosotros éramos de aquella zona. Bueno, pues unos días más tarde, cuando se inauguró, allí me presenté.

En la entrada estaba el portero (Pepe, creo) vestido de gala que me dejó pasar. No había mucha luz y la sala estaba sala llena de gente -recuerdo haber visto a J. A. Cayón-. Dí una vuelta y enseguida pregunté por el jefe. Entoces me presentaron a Emilio. Le dije que tenía experiencia poniendo discos (una mentirijilla) y él, sin dudarlo, me dijo «¡Estupendo, ahí tienes la cabina, sube cuando quieras!...» y allí subí.

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LA CABINA
La cabina del OVNI era precisamente eso, la cabina de un ovni. En un hueco de la discoteca, a unos dos metros de altura habían construído el morro de una pequeña nave espacial que miraba al centro de la sala. Allí estaba todo: Los platos, una pequeña mesa de mezclas, los controles de luces, los cajones para los discos, unas baldas y espacio para dos personas. En el suelo había una escotilla de madera que se levantaba para entrar. 

Si mirabas desde la pista hacia la cabina lo primero que llamaba la atención eran dos televisores en la pared del fondo que mostraban unas ondas verdes moviéndose al compás de la música. Eran unos sencillos osciloscopios que mostraban la señal de audio en las pantallas; algo muy elemental hoy en día pero un efecto espectacular para la época.

Para subir o bajar había una escalera que daba a una escotilla en el suelo de la cabina. Aunque había que hacerlo con cuidado; como toda la estructura era de madera y los platos no estaban totalmente aislados al menor golpe saltaba la aguja del disco. Pero bueno, le cogimos tanta práctica que al final hasta bailábamos sin estropear la música.



(CONTINUARÁ)



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