HISTORIA

YE-YEH-YEEEEH... ¡AUPA PUES!...


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"...porque el rock era una cosa nueva... desconocida.  Aquí lo que sonaba eran Los Xey, los Bocheros, el cuarteto Soroak... y luego estaba Marifé de Triana, la Paquera de Jerez… ¡Ah! y la música italiana, que estaba de moda: Marino Marini y Renato Carosone, Filipo Carletti, Pepino di Capri... Eso era más o menos lo que sonaba por aquí..." (Julián «ELVIS» Millán)


Así que cuando el otro Elvis y los 4 de Liverpool empezaron a dar la lata, el mundo de Campanera y el viaje a Calatayud comenzó a disolverse. Y ya nadie volvió a preguntar por la Dolores. (Los jóvenes dirán "¿de qué habla éste?...")


¡Temblad, peluqueros!...
Algunos adolescentes de los años 50 empezaban a tener gustos un tanto extraños. Quizás era cosa de las películas de Marlon Brando o de West Side Story pero el caso es que les empezaban a salir patillas... y se vestían de forma rara... y se movían de un modo que... ¿Y la música?... ¡Dios mío, a eso lo llamaban música!... pero si no decían más que yé-yé-yé... 
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Pero así era la cosa. Algo estaba cambiando rápida y profundamente. Algo que daba a los jóvenes un protagonismo y una ilusión que nunca habían tenido. Y la música estaba en primera línea del vendaval.

Los primeros
Al principio, los conjunteros más adelantados pertenecían a sectores más o menos acomodados que tenían mejor acceso a discos de importación y, sobre todo, a mejores instrumentos. Pero el Rock es veloz y no sabe de clases, así que pronto empezaron a sonar esos discos por la radio. Y, además, se habían inventado las letras a plazos.

Entonces comenzaron a surgir grupos a izquierda y derecha... de la ría. Desde Getxo a Portugalete, desde Indautxu a Otxarkoaga... en barrios... en colegios...


Aprendiendo
En las primeras formaciones era fácil encontrar gente con conocimientos de música. Algunos de carrera y otros que habían aprendido en el colegio o con un familiar o con algún profesor particular. Muchos de estos jóvenes músicos alimentaron las primeras generaciones de conjuntos... Brotes, Espectros, Belak, Tañidores, Famélicos, Dipotrías...

Pero la mayoría aprendía compartiendo. Por ejemplo, en la plaza de Indautxu se juntaban muchos de aquellos principiantes a cambiar acordes... "Mira, éste se llama "Si menor", es como el "La menor" pero aquí arriba, ¿ves?...»

Era el boca a boca, la escuela de la calle... Y también estaban las influencias, como comenta Jacinto Oñate: "Algunos grupos como Cuervos, o Quinta Reserva entraron con la música Rock, oyendo cosas de Elvis o Neil Sedaka... Otros, como Anthony Songer, lo hicieron con la corriente italiana y francesa... y luego también estaban los dúos al estilo del Dúo Dinámico o los Everly Brothers

Y no hay que olvidar a los Shadows, grandes maestros de los conjuntos sin cantante. (Roberto Abad presume de tener una de las colecciones más completas de discos de este grupo instrumental británico).


Y todo esto... ¿para qué?...
Para tocar. Eso era lo que querían. Mostrar lo que sabían hacer.

Faltaban aún algunos años para la aparición de las primeras discotecas, y las salas de fiestas -que necesitaban música para el baile y las atracciones- recurrían a las orquestas y combos de músicos profesionales.

Pero los jóvenes ya empezaban a interesarse por esa otra música que se alejaba de boogies, boleros y cha-cha-chas así que los empresarios comenzaron a demandar conjuntos "de esos que gustan a los chavales de ahora"...

Durante un tiempo fue normal la convivencia entre una orquesta y un conjunto.
Algunas salas continuaron con un estilo más clásico pero muchas otras cambiaron pronto y en los camerinos -cuando los había- las voluminosas fundas de guitarra clásica dejaron paso a otras más planas y pesadas...


Fue bonito mientras duró... pero... ¡SI TODAVÍA DURA!...
Y es que deberían haberse llamado «Los Inagotables», como Neo. (Los mayores dirán: "¿de qué habla éste?...") 

¡Inagotables, sí!... Carlos, Eduardo, Jacinto, Sócrates, Juan Mari, Beti... muchos de aquellos muchachos que a los 15 años empezaban a abarrotarse los oídos, son hoy veteranos que aún no han podido -o no han querido- sacudirse el ritmo de encima. Unos por afición y otros por profesión, pero siempre con gusto. Y muchos están en activo... en un escenario, en un estudio de grabación, en un coro... o en casa. Tan ricamente. Porque, claro, a estas alturas, quien más quien menos ya dispone de bolsillo para darse algún caprichito... Y se lo dan... y se quedan tan felices...

...como un abuelo con una Fender nueva!...




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